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Las Almonas de Triana

El arrabal trianero ha sido conocido desde siempre por muchas de sus actividades económicas, como pueden ser la cerámica o la aeronáutica; y no tanto por otras como la fabricación del jabón. Hoy dedicaremos unas líneas a hablaros de las almonas. Para ello, retrocederemos en el tiempo unos cuantos siglos hasta situarnos en la Triana del siglo XII, cuando los musulmanes instalaron en la orilla trianera del Guadalquivir estas almonas de las que venimos a hablaros. 
 
Pero, ¿qué son unas almonas? Muy sencillo, son una fábrica o lugar donde se construye algo. En este caso, nos referimos a las almonas de Triana como jabonería. Dicho esto, ya podemos empezar a hablar de las Reales Almonas de la calle Castilla. 
 
 
La zona de la actual calle Castilla permaneció sin construir hasta el Siglo XII, fecha en la que los musulmanes construyeron la primitiva almona. El lugar, que se conocería como “el sitio de las cuevas”, iría desde el callejón de la Inquisición (al lado del castillo de San Jorge)  hasta la sede de la Hermandad de la O, donde podemos observar los vestigios de las antiguas fábricas. Hoy se conoce como el Paseo de la O. Solo pasará un siglo para que las almonas cambiaran de religión, cuando Fernando III conquista Sevilla, le dona a Doña Juana -la reina- la jabonería trianera. A partir de ese momento las almonas irán pasando de mano en mano, aunque siempre de poderosos nobles. A finales del siglo XVI los Enríquez de Ribera se harán con la posesión de este monopolio a través de compras y cambios. Allí continuaron las cuevas hasta que su último edificio fue vendido por el duque de Medinaceli a Don Juan Bautista Conradi el último día del año de 1845.
 
Habiendo hablado de las desconocidas almonas trianeras, daremos un paso más para decir que realmente éstas se encontraban debajo de las casas que vemos actualmente, siendo entonces una zona subterránea, casi oculto a simple vista. De hecho, sus bóvedas sirvieron como capilla para venerar a Nuestra Señora de la O, de cimientos de nuevas casas e incluso se dice que llegaron a usarse como refugio durante la guerra civil.
 
Pero, ¿qué era lo que se fabricaba en las almonas trianeras? Eso es, lo habéis adivinado, Jabón. Durante más de cuatro siglos el jabón sevillano se vendió en la península y se exportó al extranjero bajo la marca comercial “Castilla”. Sus modalidades blanco y prieto, duro y blando eran más cotizadas que las fabricadas en otras regiones españolas. De hecho, hubo un periodo en el siglo XVI en que estas piezas eran superiores en calidad y cantidad a las salidas de las mejores factorías europeas como las de Sabona (Italia) y Marsella (Francia). Las materias primas empleadas en la realización del jabón eran excelentes. El aceite provenía de los olivares de los propios concesionarios del estanco y tenían fama de buena calidad. Se situaban en el Aljarafe sevillano y los molinos donde se molturaban las aceitunas solían estar en las mismas fincas. Sus trabajadores dependían económicamente de la familia que explotaba el negocio del jabón. El mazacote o barrilla, que contenía potasa eran las cenizas procedentes de la quema de almarjas, que crecían en las marismas del Guadalquivir. 
 
 
El permiso de corte y el transporte del material se hacía mediante recuas de mulas de las cuadras que se encontraban en la misma almona. Además de estos componentes, se usaban otros más baratos como pueden ser cal, orujo, cenizas, agallas o caparrosa (un sulfato de cobre). Por último, las seras que se usaban para embalar las piezas se producían en La Algaba. A partir de este punto, el jabón trianero se empacaba en barcos hacia otras zonas de Castilla; incluso se llegó a exportar a otros sitios como Flandes, Inglaterra e incluso a la América de época colonial gracias a la fama que llegó a adquirir.
 
Los jaboneros trianeros fueron muy conocidos en la época Enrique IV y elogiados por su profesionalidad durante el reinado de los Reyes Católicos. Éstos se dividían en peones (esclavos) y maestros (la mayoría nacidos en Triana). Las técnicas para elaborar el jabón se heredaban de padres a hijos, y muchos de ellos tenían sus viviendas en los alrededores de las almonas. Algunos viejos maestros ascendían a una escala superior como oficiales, capataces o guías, pero ninguno conseguía acceder a los puestos de administración, ya que estos eran desempeñados por gente de la casa ducal. 
 
Pero estas almonas trianeras no son las únicas que se ubicaron en nuestra ciudad. También en la collación del Salvador existió una jabonería, creada en el siglo XV en los alrededores del viejo convento de la Encarnación. Regentada por la misma casa que la fábrica establecida en Triana. 
 
 
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