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La Iglesia del Valle y su entorno, dos mil años de Historia

Salió hace unos días en prensa una noticia que nos motivó a escribir algo que teníamos pendiente desde hace tiempo. La noticia hacía un pequeño resumen de las conclusiones que estaban sacando los investigadores que están llevando a cabo las excavaciones arqueológicas en el entorno de la Iglesia del Valle (la de la hermandad de los gitanos). Y es que el entorno de María Auxiliadora, del que apenas se habla, es muy rico en Historia y Patrimonio. La noticia en sí se centraba en el descubrimiento de unas cerámicas de Niculoso Pisano, pero no es lo único. Hablamos de un entorno donde sabemos que se desarrolla una actividad desde época romana. No en balde, bajo el terreno del cercano colegio salesiano de la trinidad nos encontramos, además de una serie de restos arqueológicos, con la leyenda de las santas mártires Justa y Rufina

Pero volvamos a lo que nos importa. En los estudios recientes, se ha confirmado que en el entorno de la Iglesia del Valle nos encontramos con actividad desde el Siglo I de nuestra Era hasta la actualidad, es decir, dos mil años de actividad para una de las zonas más desconocidas (patrimonial e históricamente) de la ciudad. Para los más jóvenes, el espacio que rodea este templo ha sido, desde siempre, un descampado o un parking. Nuestros lectores algo más mayores llegarán a recordar el Colegio Sagrado Corazón de Jesús, que era el que ocupaba ese terreno antes de ser parking, o descampado. 

 

Félix Gómez de León escribió en 1839 un libro, “Noticia artística, histórica y curiosa de todos los edificios públicos sagrados y profanos de esta muy noble ciudad de sevilla y de muchas casas particulares”, en él hablaba de la leyenda de fundación del Convento del Valle. Un niño se cayó a un pozo, y su madre hizo una promesa, si se salvaba, donaría el terreno donde se encontraba el pozo para la fundación de un convento. Así, el pozo se llenó repentinamente de agua elevando a ese niño hasta la superficie sin que sufriera ningún rasguño, así que, cumpliendo la promesa, se fundó el convento del Valle, que llegaría a ser uno de los más grandes de la ciudad (y eso no era fácil desde luego). 

El convento se fundó en 1403, y, como muchos, cambia de ocupantes en diversos momentos. Empezó siendo habitado por una orden de dominicas, en 1507 se disolvieron y lo ocuparon las beatas de Santa Catalina de la Penitencia, en 1529 fue adquirido por la Orden de Regulares Terciarios de San Francisco, y por último, los Padres Franciscanos Recoletos, quienes ocuparon el convento desde 1567 hasta 1810, cuando la invasión francesa les obligó a irse. Volvieron, pero por poco tiempo, ya que en 1835 formó parte de los inmuebles que se desamortizaron por la ley de Mendizábal. 

 

A partir de ahí sufrió un periodo de abandono hasta que en 1886 la Condesa de Villanueva compró el edificio para fundar el Colegio Sagrado Corazón de Jesús, que fue vendido en 1975 a una inmobiliaria (filial de RUMASA) con la intención de edificar viviendas. ¿Qué es lo interesante, patrimonialmente de toda esta historia? Para quienes no conozcan la zona, la Iglesia del Valle está en la Calle Valle, y si rodeamos andando la Iglesia, daremos de bruces con una muralla. Este muro no es otro que uno de los lienzos de la muralla almohade, que se conservó en el interior del convento y posteriormente en el colegio, y por esa razón se salvó de la piqueta. En la zona Norte de la muralla, además de los restos que van desde la Puerta de Córdoba hasta la Basílica de la Macarena, no sobrevivió casi ninguna piedra de la fortificación musulmana. En torno a esa muralla se creó el parque conocido como “Los jardines del Valle”, que también formaban parte del convento y el colegio, al igual que la iglesia.

 

En 1996 se comenzó a construir la actual Iglesia del Valle sobre las ruinas de la que pertenecía al convento, allí se trasladó la Hermandad de los Gitanos, y en la actualidad se están llevando una serie de estudios arqueológicos previas a la construcción de la Casa de Hermandad sobre los restos del Convento. Y es aquí donde comienza lo interesante, además de la ya comentada prueba de la presencia humana desde el Siglo I, nos encontramos la primera sorpresa. El Pozo del Milagro, sobre el que se basa la leyenda fundacional del espacio religioso existe. No entramos a valorar el milagro, pero claro, las leyendas fundacionales se basan en algo que les de consistencia, y ahora por fin sabemos dónde se encontraba el famoso pozo. 

 

Además, hemos encontrado que en la época de los Regulares de San Francisco, cuando se realizó la mayor ampliación (aunque la iglesia corresponderá a los Recoletos), no se cortaron a la hora de embellecer el espacio y nos encontramos con un pavimento del mismísimo Niculoso Pisano. Y claro, os preguntaréis quién es ese señor.  Pues bien, Niculoso Pisano (de Pisa) fue un ceramista del SXVI que se trasladó a Sevilla y tuvo mucha influencia en el arte hispalense. Así podemos ver sus obras en Santa Ana, Santa Paula, los Reales Alcázares o la Catedral. Niculoso trajo consigo los conocimientos de la policromía italiana, que fueron rápidamente adoptados por los dos centros cerámicos de la Península, Triana (donde vivía el de Pisa) y Talavera de la Reina. 

Portada del convento de Santa Paula, con cerámicas de Niculoso Pisano

 

El descubrimiento de este pavimento es muy importante, porque además de que tenemos pocas obras firmadas por el ceramista, algunas de ellas son poco visibles o están desaparecidas. Así que es una buena noticia que se amplíe el reconocimiento a uno de los artistas que contribuyó al desarrollo de la cerámica local, uno de los elementos artísticos e industriales más importantes de cuantos ha tenido la ciudad.

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