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La Casa grande de San Francisco

Hoy venimos a hablaros de la Casa Grande de San Francisco - más conocido como Convento de San Francisco -, que fue uno de los de mayores dimensiones en Sevilla, localizado en la Plaza Nueva junto a la actual sede del ayuntamiento de la ciudad; es también uno de los más desconocidos ya que el tiempo y la Historia se han encargado de borrar casi toda referencia al mismo. El convento de San Francisco está prácticamente desaparecido en su totalidad,pero como si de una aldea gala se tratara, nos quedan restos culturales y documentales, diseminados por la Plaza Nueva, que nos descubren retazos de la vida de esta institución, en los que las catástrofes naturales, los incendios y las demoliciones se entrelazan con nombres como los  de Murillo o Soult.
 
Plaza Nueva, Sevilla
La Plaza Nueva, Sevilla
 
La Casa Grande de San Francisco nace de la iniciativa del rey Fernando III el Santo, que otorgó a los franciscanos un lugar para su emplazamiento tras la reconquista de la ciudad en 1248.  Desde  1268, el lugar proyectado para tal fin sería la actual Plaza Nueva. El convento gozó de una enorme popularidad, en tanto que era la institución que coronaba el corazón de la ciudad; basta con imaginar que ocupaba casi la totalidad de la Plaza Nueva. Pero, ¿cómo alcanzó estas dimensiones?
Tras la iniciativa primigenia del rey Fernando III de proyectar el convento en este enclave procedió a entregar cuantiosas limosnas que fueron imitando reyes sucesores, concejos… hasta el mismísimo cardenal Cisneros les entregó bienes procedentes de otros espacios conventuales procedentes de Córdoba y Jerez. Lo que aumentaría el prestigio de la institución y, por ende, su espacio. 
 
Juan II de Castilla
Juan II de Castilla, quien compró material de más para la reforma de Los Reales Alzcázares de Sevilla con la idea de donar elexcedente a la Casa Grande de San Francisco.
 
A principios del Siglo XVI, en plena expansión del convento la Hermandad de las Ánimas decide instalarse en el mismo, aproximadamente en 1520; y solo tres años más tarde ya tendría su propia capilla en los terrenos del convento, la pequeña e impresionante capilla de San Onofre que, según leyendas, no ha cesado nunca en su actividad en estos seis siglos transcurridos, como las ánimas, románticas en los hechos, que parecen morar entre sus muros y que es el elemento más llamativo que nos ha legado el convento a la actualidad.  
Aparte de la capilla, otro elemento a destacar del convento era la Hospedería, lugar en el que se reunían todos los frailes que esperaban la carta – decreto en la que se confirmaba que la solicitud para viajar a las Américas había sido aceptada. Es en estas fechas cuando el convento le encarga a Murillo una serie de cuadros, el primer encargo importante, que por desgracia se esparcirá por el mundo. 
 
La Cocina de los Ángeles, Museo del Louvre. Uno de los cuadros encargados a Murillo para el convento de San Francisco.
 
Entonces, ¿cómo es posible que gozando de la fama, el privilegio y la vasta extensión del convento apenas sí tengamos pinceladas del mismo?
El convento sufrió varios incendios en distintos momentos de su vida, además, de hacer frente a una catástrofe natural de primer orden, el Terremoto de Lisboa de 1755 que se dejó sentir en Sevilla y que afectó gravemente al claustro, al campanario y, curiosamente, a la capilla de los Portugueses.
Sin embargo, los verdaderos estragos que hicieron que el convento perdiese poder y presencia se produjeron con la llegada de nuestro convulso Siglo XIX. La invasión francesa de la ciudad constituyó un auténtico crimen contra el patrimonio cultural con el fin de demostrar a la iglesia la superioridad de los militares franceses. 
En relación con nuestro convento, y como ha venido siendo una tradición para los franceses; fue desalojado y convertido en cuartel general, en 1810. El tristemente célebre para nuestro patrimonio artístico, mariscal Soult se encargó (como en otras ocasiones) de expoliar varias obras de arte que se encontraban en el convento y que ahora están desperdigadas, como, por ejemplo, el cuadro La cocina de los ángeles, excepcional obra de Murillo que ha terminado siendo una de las piezas del Museo del Louvre. Tras la ocupación, la desamortización de Mendizábal les arrebató bienes y terrenos, hasta que cinco años después, en 1840; se dio la orden de derribo del convento, acción en la que emplearon solo tres años. 
 
Una de las pocas imágenes que nos quedan de La Casa Grande de San Francisco, es del SXIX y vemos un deplorable estado del edificio. 
 
Hechos que narran el auge y la decadencia de uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad, que, por motivos han permanecido desconocido para muchos que orgullosa se niega  a morir. 
 
Si quieres saber más acerca de este lugar puedes hacerlo en las actividades "La Sevilla de Murillo" y en "La Ruta de la Plazas", no dudes en acompañarnos. 

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