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Jose Espiau y Muñoz. El arquitecto de Sevilla

José Espiau y Muñoz nace en Sevilla el 14 de noviembre de 1879. Hijo del maestro de obras José Espiau de la Coba, cursó sus estudios de bachillerato en el colegio de los Padres Escolapios. En 1898 comienza a estudiar la carrera de arquitectura en la Escuela de Arquitectura de Madrid, donde coincide con grandes arquitectos de la época como Aníbal González, dos de los hermanos Gómez Millán (Antonio y José) o Juan de Talavera y Heredia. Una vez finalizados sus estudios, en 1907, vuelve a Sevilla donde ejerció su carrera y donde se encuentra casi la totalidad de su obra.

Podemos decir que la Sevilla actual, en gran parte, está creada por José Espiau y Muñoz. Suyas fueron más de 120 obras que, aunque muchas de ellas han desaparecido o se han reformado, constituyen un amalgama de la ciudad de la que hoy no se entenderían sin estos edificios. A principios del siglo XX comienza la tendencia hacia el historicismo, que en Sevilla se refleja en el regionalismo, Espiau, será bandera de este estilo arquitectónico que quedará sembrada en la ciudad ante el hitos histórico que vivirá en 1929: la Exposición Iberoamericana.

En 1909, el comandante de artillería Luis Rodríguez Caso tuvo la idea de acoger en Sevilla una exposición universal que abriera la puerta a una ciudad más moderna, ya que se estaba quedando bastante obsoleta teniendo en cuenta los avances de la época. La idea fue bien acogida y, aprovechando el centenario de las independencias de las colonias, quisieron crear una exposición Iberoamericana donde pudieran confraternizar los países americanos con Sevilla, que fue el lugar escogido como monopolio del comercio con las indias y su influencia con América fue más que importante para la ciudad. Con este argumento, comenzaron a proyectar multitud de edificios y monumentos que, a la postre serían emblemáticos, con el fin de dar un espacio turístico y acogedor. En principio esta exposición estaba prevista para 1911, pero decidieron retrasarla a 1914 por la construcción de la obra fluvial de la Corta de Tablada, posteriormente, la irrupción de la I Guerra Mundial hizo que volviera a retrasarse. El tercer retardo vino por los problemas que hubo entre España y Marruecos. Pero en 1929 ya se pudo establecer la Exposición, no sin problemas a posteriori, ya que estaba pensada para satisfacer las necesidades de un público millonario. Estamos en los felices años veinte, hay mucho derroche de dinero y las expectativas eran muy altas, el problema viene cuando sólo cinco meses después de la inauguración (estaba prevista que durase más de un año), estalló el crac de a bolsa de Nueva York. Esto hizo que la ciudad fuese llevada a la ruina durante varias décadas.

 

 

Pero, viendo el lado positivo de las cosas, la Exposición Iberoamericana dejó un legado bastante profundo en su arquitectura. Gracias a la proyección de la exposición y de los continuos retrasos, la ciudad se fue modernizando, dando una imagen totalmente diferente de una Sevilla que se había quedado barroquizada. Aquí es donde entra en juego figuras como José de Espiau y Muñoz, a él fueron encargando numerosas obras, ya fuera por encargo directo, ya fuera por ser ganador de muchos concursos que se publicaron en la época. Ahora, veremos algunos ejemplos de sus obras y nos daremos cuenta del gran legado que dejó este gran arquitecto.

En 1912 proyectó dos grandes edificios: el número 22 de la calle Sierpes y el edificio La Adriática. El primero de ellos fue construido para la compañía Catalana de Seguros, quizás este edificio sea el más emblemático de la famosa calle sevillana, dejando una balconada de estilo neomudéjar impresionante. En la segunda planta de este edificio, Espiau estableció su estudio de arquitectura, proyectando ahí la mayoría de sus edificios. El segundo de los edificios que hemos comentado es La Adriática, popularmente conocido como Edificio Filella por la antigua cafetería que se encontraba en sus bajos. Este edificio de estilo neomudéjar fue ganador de un concurso titulado “fachadas de casas de estilo sevillano”. Espiau ganó con un edificio de con claras referencias al arte mudéjar impulsado en la ciudad a lo largo de la Edad Media, pero también con un estilo barroco, característica principal del arte sevillano, hoy es uno de los edificios más fotografiado de Sevilla y está considerado como el más fotogénico, por esta razón, siempre que pasamos junto a éste, nos encontramos a algún turista con la cámara en la mano apuntando a esta singular edificación.

 

La Adriática fue construido en un contexto histórico de grandes reformas en las grandes urbes mundiales. El arte arquitectónico miró hacia el gran foco romántico, París, allí comenzó a proyectarse grandes avenidas con grandes edificios que recordaban a estilos arquitectónicos diferentes. En ese contexto, fue proyectada la Gran Vía madrileña que comenzó a construirse en 1910. En Sevilla, fue inaugurada en 1915 la avenida de la Constitución, que intentaba dar la imagen de la Gran Vía madrileña. Así, nos queda en la ciudad un gran legado de edificios historicistas en la zona céntrica de la ciudad, como la Plaza de San Francisco, la calle Sierpes, Tetuán o la Campana. En la Avenida de la constitución proyectó los edificios del antiguo colegio de San Miguel o el edificio de Seguros Santa Lucía.

En 1916, Espiau gana un concurso bajo la dirección de Aníbal González para proyectar un hotel de gran lujo en Sevilla para la Exposición Iberoamericana de 1929. Este hotel sería el Alfonso XIII, sin duda, el más lujoso de la ciudad y, en su época, uno de los más lujosos del mundo. Se trata de un edificio de estilo neomudéjar, con claras influencias arabescas que le dan el toque regionalista andaluz que gustaba tanto. En su interior, podemos disfrutar de una de las azulejerías mas importantes de la ciudad, tanto en paredes como en techos.

En 1921 termina otra de las grandes obras de la ciudad: la plaza de toros Monumental de Sevilla. Esta plaza fue impulsada por el torero José Gómez Ortega El Gallito III quien encargó a Espiau y a Francisco Urcola Lazcanotegui la construcción de una plaza que le hiciera competencia a la plaza de la Real Maestranza de Caballería. Con una capacidad para 23.000 espectadores, sería un proyecto impresionante para la época. El problema comenzó cuando no llegaban las licencias de obras y, más tarde, cuando se vino una grada abajo en 1917. Finalmente, se decide derribar las plaza por diversas cuestiones, primero porque no se creía necesario una segunda plaza en Sevilla para rivalizar con otra y, segundo, por cuestiones políticas que hicieron imposible que este proyecto llegase a buen puerto.


 

Por último, vamos a nombrar el Edificio Pedro Roldán. Este edificio se encuentra situado en la antigua Plaza del Pan y fue construido para el uso comercial de los Tejidos Pedro Roldán entre los años 1926 y 1927. Se trata de un edifico de cuatro plantas y un mirador de esquina, donde hace una mezcla de hierro y junta la estética del llamado gótico italiano con los clásicos tintes regionalistas. La situación de esquina hace que impulse una cúpula apuntada que está revestida por azulejos azules que, combinado con el ladrillo rojo da una imagen impresionante. El detalle de los amplios ventanales con columnas de fuste helicoidal con arcos conopiales crean un trazo mixtilíneo bastante considerado.

 

 

José Espiau y Muñoz muere en Sevilla el 7 de mayo de 1938 dejando un legado de obras por toda la ciudad dignas de admirar. Muchas veces, el propio sevillano no se para ante estas obras majestuosas que impactan nada más verlas y que están en una esquina, un rincón o pasan desapercibidas porque nos llama más la atención el luminoso del comercio que está en sus bajos. Pero el legado de este hombre es impresionante y, a parte de la lista que pondré a continuación, disfrutaremos de un vídeo de José Blanco que se ha encargado de recoger información sobre Espiau, datarla, estudiarla y andar por la ciudad, cámara en mano fotografiando toda su obra. Un lujo para cualquiera que le apasione el arte de su ciudad que muchas veces queda en el olvido.

Otras obras de Espiau: Farmacia de la calle Orfila número 11, viviendas del Monte Piedad de la Ronda de Capuchinos, el Edificio Caja Granada de la Plaza de San Francisco, el edificio de la “Ciudad de Londres” de la calle Cuna o la “Casa sin Balcones” de la calle O'Donell número 28.  

 

 

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