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Fernando III, el Santo

Hoy, en conmemoración a su día y a su mes (30 de mayo) vamos a centrar nuestro artículo a al patrón de la ciudad: San Fernando. Aunque en las visitas que solemos hacer hablamos de Fernando III el Santo, la verdad es que el 30 de mayo se conmemora el día de San Fernando y no de Fernando III el Santo. Está claro que el patrón de la ciudad de Sevilla es San Fernando, no pasa lo mismo con la patrona, algunos hablan de la Virgen de los Reyes (patrona de la Archidiócesis, que no de la ciudad), otros hablan de San Justa, de la Virgen de la Hiniesta e, incluso, de la Virgen del Pilar, que, por tradición, debería de serlo ya que sería la más antigua. Pero no quiero entrar a debatir sobre esta cuestión, primero porque no toca y segundo porque tampoco tengo los parámetros suficientes para saberlo y no me quiero mojar mucho la verdad. Vamos a lo verdaderamente trascendente dentro de todo esto: conocer un poco sobre la vida de Fernando III el Santo, patrón y rey que conquistó la ciudad.

No se sabe muy bien dónde nace. Algunos teóricos dicen que en Bolaños de Calatrava, en Ciudad Real ya que su madre Berenguela mandó a construir ahí un Castillo para dar a luz a su hijo. Esta teoría no está mal, pero, si no se tiene en cuenta mucho esto último, porque no sé cómo se puede construir un castillo en menos de nueve meses (en esa época –y en esta- no te enteras que estés embarazada hasta, al menos dos o tres meses después) y más con la tecnología y la economía que había en la Castilla del siglo XIII. Aún así, hay otra teoría-leyenda que nos habla que Fernando III nació en Peleas de Arriba, pueblecito típico de los que salían en el Gran Prix y que hoy se situaría en la provincia de Zamora. Aquí está también la leyenda (algo más lógica) que dice que el futuro monarca nació en un albergue de peregrinos de la Vía de la Plata del Camino de Santiago y que, posteriormente, el monarca mandó a construir en el mismo lugar el monasterio de Santa María de Valparaíso. Tampoco está clara la fecha de su muerte, se puede situar entre 1190 o el 24 de junio de 1201. La falta documental hace que no se pueda saber exactamente su fecha de nacimiento, como tampoco del lugar de éste. Lo que sí sabemos es que muere en Sevilla el 30 de mayo de 1252.

Sabemos que hay reyes que tienen vidas movidas y otros (los que les toca las época de estabilidad económico-política) que se pueden dedicar a la caza y a casar a sus hijos. Este rey fue más del tipo primero. Sabemos que, gracias a que sus padres fueron Berenguela de Castilla y el rey Alfonso IX de León, se unieron las coronas de Castilla y León. No sin antes tener que solventar algunas diferencias para poder heredar la corona. Pero de este tema no hablaremos mucho porque fue su madre quien tuvo que atar cabos para que su hijo fuese rey de Castilla y Rey de León. Su tío Enrique I de Castilla murió repentinamente en 1217, tras los trámites anteriormente mencionados, Fernando III pudo conseguir el trono de Castilla. Años más tarde, en 1230, y ya tras varias movidas con los musulmanes de las que ahora hablaremos, heredó la corona de León tras la muerte de su padre, quien, como hemos dicho, era Alfonso IX.

Una vez solventados los problemas de la unificación de reinos (aunque en realidad estas cosas se hacían a la par) se pudo avanzar en la conquista del Valle del Guadalquivir. Para ello hay una batalla clave: la batalla de las Navas de Tolosa (actual provincia de Jaén) de 1212. ¿Por qué tuvo tanta trascendencia esta batalla? Pues simple, porque fue el primer paso para poder penetrar en el Valle del Guadalquivir. Una vez que se sortea el terreno abrupto de Sierra Morena, se puede atacar mejor por las llanuras. El tipo de terreno es clave en la historia de las conquistas, como ejemplo tenemos Roma, que no llegó nunca a dominar la península de manera completa (en los 8 o 9 siglos que duró tanto república como imperio) y César llegó a Francia y “fue, vio y venció” en apenas tres o cuatro años.

Claro, aún no era rey de nada el entonces infante Don Fernando, pero sí era monarca de Castilla cuando se aprueba el inicio de la guerra en la Curia de Carrión de 1224. Este hecho fue importante porque se inicia una lucha de poder entre los musulmanes. Muere el sultán almohade Abú Yucub Yusuf y esta inestabilidad política permite que los cristianos aprovechen para atacar los flancos débiles. Primero conquista Córdoba (recordad lo que hemos dicho del terreno), en 1236; diez años más tarde, lo hace en Jaén (1246, para quien le cueste trabajo sumar) y sólo dos años más tarde, 1248, conquista Sevilla.

Para la conquista de la ciudad de Sevilla tuvo que pedir a la flota cantábrica de Ramón Bonifaz que una parte de sus barcos entrasen por el Guadalquivir hasta la altura del puente de Barqueta, donde había un pequeño embarcadero, y atacasen la zona norte de la ciudad. Hay que tener en cuenta aquí la famosa leyenda de la cadena. Es cierto que sortean la Torre del Oro (que era simplemente una torre vigía) y que destruyen el Puente de Barcas para poder ir a la zona planteada desde un principio, pero nunca hubo una cadena entre la Torre del Oro y una supuesta fortaleza que estaba enfrente, porque no había fortaleza alguna en esa zona, sino en el Castillo de San Jorge, a la altura del Puente de Barcas (hoy del Puente Triana). Además, para que no hubiera “acompañamientos” inesperados de musulmanes, parte de la flota de Bonifaz quedó en la desembocadura del Guadalquivir para prevenir (que ya sabemos todos que es mejor que curar). Bien, una vez analizado el ataque “marítimo”, tenemos que decir que el campamento de Fernando III estaba en la zona de Tablaada. El ataque por tierra desde el sur y por el río desde el norte fue una emboscada mortal para los musulmanes que no les quedó otra que rendirse. En este caso hubo un relativo vaciamiento de la ciudad, no una capitulación, como era lo lógico en aquella época. Fernando tomó Sevilla, pero no consiguió nunca tomar Cádiz, que sí lo haría su hijo, Alfonso X.

Y es que, el objetivo principal de Fernando III era el control del Estrecho de Gibraltar (recordad siempre: primero se busca el beneficio económico, luego hay otros detalles menos importantes como la religión y tal) pretendiendo controlar el Peñón, la bahía de Algeciras, Tarifa y el norte de África. Curiosamente la corona española nunca ha poseído las tres cosas a la vez (Peñón, Bahía y Tarifa) ya que, cuando se conquistó la zona, primero la bahía no quedó del todo controlada y, poco más tarde Tarifa perteneció a los marqueses de Tarifa y no a la Corona de Castilla. Cuando esto se recupera es en el tratado de Utrecht, sí, el mismo que decía que Menorca y Gibraltar eran para Inglaterra….

Pero la vida de Fernando III no sólo era conquistar y resolver problemas con su herencia. Se sabe que fue un hombre bastante instruido, que le interesó mucho en tema de la música y la literatura, sintiendo gran pasión por los trovadores. Así, sabemos que su favorito era el trovador Da Ponte, quien compuso estrofas tras la muerte de su primera esposa Beatriz de Suabia. También sabemos que otorgó feudos a varios trovadores y que se encargó de parte de la instrucción educativa de su hijo quien, curiosamente, fue conocido como el Sabio. En su apodo tuvo mucho que ver su padre, como estamos viendo.

Bueno, nos queda hablar de su muerte. Fernando III muere en el Alcázar, pidió a sus hijos (tenía un chorro, de hecho, algunos murieron antes que él) que le trajesen un crucifijo y una hostia consagrada para comulgar antes de su desenlace final. El Obispo Don Remondo (quien fue de la mano de Fernando para la conquista de la ciudad y que aparece bajo los pies del caballo del monumento de la Plaza Nueva) le dio la comunión. Fernando se despojó de la ropa real, besó la cruz varias veces y se golpeó en el pecho con ella otras cuantas. Por último, en su lecho de muerte, habló con el infante Don Alfonso (quien sería Alfonso X pocas horas después) habló de temas familiares, de vasallos y de los reinos que aún quedaban por conquistar. Tras morir rodeado de su familia, recibió sepultura en la Catedral de Sevilla, como ponía en su testamento. Aunque en éste decía que quería recibir sepultura sencilla y sin estatua yacente bajo la Virgen de los Reyes (regalo de su primo San Luis de Francia), su hijo Alfonso mandó a construir un mausoleo de plata con efigies de sus padres. Parte del lujo se perdió en época de Pedro I, según él, por temor a la usurpación. Tras la canonización ya en el siglo XVII, Pedro Roldán esculpe la nueva imagen del rey sedente y lo policromó una hija de Valdés Leal.

Pues esta es, a groso modo, la vida de Fernando III, el rey santo que fue canonizado por Clemente X y que logró penetrar en el valle del Guadalquivir dejando un gran halo de patronazgos a lo largo de Andalucía.  

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