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Estatuas Viajeras: Fernando VII en Sevilla

Hace poco tuvimos la suerte de pasear por el antiguo Convento de Santa Clara (otra vez), y mantuvimos una conversación acerca de la estatua de Fernando VII que allí se encontraba. El capítulo pasó sin más, pero, hace unos días un amigo nos preguntó qué sabíamos de ella, qué hacía allí y porqué se encontraba en ese estado. Empezamos a investigar más sobre el asunto, porque, en realidad, eran casi las mismas preguntas que nos hicimos nosotros cuando la vimos allí.

Lo primero, quién es Fernando VII, por si hay alguna persona despistada entre los lectores. Fernando de Borbón es hijo de Carlos IV, y es artífice de dos hitos muy importantes para la historia de la monarquía española. La primera es episodio conocido como las abdicaciones de Bayona, en las que un juego de abdicaciones entre su padre y él acabó con la corona en manos legítimas de Napoleón, que la delegó en su hermano José I (Pepe Botella) y lo convertiría en el “deseado” por los combatientes en la Guerra de la Independencia contra los franceses.

El otro episodio es el de su propia sucesión. En 1789, Carlos IV firmó la pragmática sanción, por la que un rey si no tenía herederos varones, heredaría la corona su hija mayor. Así las cosas, y, aunque estaba aprobada desde el citado año, fue en 1830 cuando Fernando VII, que no tenía heredero, la promulgó, para que su hija, Isabel (futura Isabel II) pudiera ser reina, provocando la ira de cierta parte de la población y dando paso a las llamadas guerras carlistas – el Infante Carlos María Isidro hubiera sido el heredero de no existir “la pragmática”-.

Así las cosas, podemos deducir que Fernando VII no pasa desapercibido para la Historia del SXIX español, a pesar de ser uno de los reinados peor valorados por la historiografía.

Roger-Bernard-Charles D’Espagne de Ramefort, más conocido por Carlos de España, encargó la famosa estatua, que es de lo que estábamos hablando. Este hombre, miembro destacado de la nobleza francesa, llegó a ser Grande de España gracias a la lucha que mantuvo en la Guerra de la Independencia española, siempre del bando español. Llegó a España huyendo de la Revolución Francesa y fue muy activo en la guerra. Una vez terminada, se mantuvo al lado de FernandoVII, y éste españolizó su apellido y le concedió el título de Grande de España. Fue nombrado Capitán General de Cataluña,. Y es en este impass cuando encarga la estatua.

En 1831 Pierre Joseph Demongé Chardigny realizó la obra (que le valió el nombramiento de la orden de Isabel la Católica) que iba a presidir la Plaça del Palau en Barcelona. Y la presidió. Pero muy poco tiempo. En 1834 y 1835 se produjeron en Madrid y Cataluña respectivamente, una serie de episodios anticlericales, desde las matanzas de frailes a los asaltos de conventos, de hecho, estos episodios llevaron a que Maria Cristina nombrara a Mendizabal como Presidente del Consejo, y se llevara a cabo una desamortización al poco tiempo. Y fue en una de estas “bullangas”, que así las llamaron en Cataluña, cuando la estatua deja de estar en la plaza.

En 1840, cuando María Cristina se exilia a Marsella dejando en la regencia a Espartero, sabemos que se llevó la estatua de su marido – y su tío – Fernando VII. Aquí volvemos a perderle la pista a la estatua del Convento de Santa Clara.

8 años después se proclamaría la II República Francesa, bajo el mandato de Napoleón III, se cuenta que el asalto a las Tullerías, Antonio de Orleans, hijo del rey de Francia, salió tan despavorido que se dejó a su esposa María Luisa Fernanda de Borbón, con la que, después de que la salvaran del asalto, se vino a vivir a Sevilla, concretamente al Palacio de San Telmo. En este estado de las cosas, se ve que Napoleón III encontró en algún momento la estatua de Fernando VII, y la mandó al matrimonio Orleans Borbón para que adornaran su palacio sevillano. Y así lo hicieron.

A finales de siglo, en 1890, Antonio de Orleans falleció, y en 1897 fue el turno de su esposa. Ésta dejó el palacio al Arzobispado de Sevilla y los jardines al ayuntamiento, donde se construiría después el Parque de María Luisa. Así que la estatua, que durante 50 años adornó el palacio de San Telmo, pasó a la colección del Museo Arqueológico de Sevilla, que por aquel entonces se encontraba en la Torre de Don Fadrique (actualmente dentro del enclave del antiguo convento de Santa Clara). Será en 1942 cuando el Museo Arqueológico se traslade a su actual sede, la del pabellón de Bellas Artes de la Exposición Iberoamericana de 1929.

Como toda buena estatua viajera, a la de Fernando VII le faltan elementos y piezas. Si bien está representado con una corona de laurel, símbolo de la victoria, pierde toda su grandeza al faltarle los brazos y el sable. Más que un soberano triunfante, hoy en día parece un romano al que Asterix u Obelix le hubieran dado una buena paliza.

Esperamos que os haya gustado la aportación y que, cuando paséis por el Espacio Santa Clara no dejéis de hacerle una foto y enviárnosla.
 

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