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Cromberger, la dinastía.

Venimos hoy a hablaros de Los Cromberger, quizá la familia de libreros más importantes que pisó nuestra ciudad. Esta dinastía de libreros e impresores, de origen alemán se asentaron en Sevilla a principios del Siglo XVI, en la antigua calle de la imprenta, hoy conocida como calle Pajaritos.
 
No es de extrañar que lo hicieran en Sevilla, pues en este momento la ciudad no era solo la ciudad más importante de la Península, sino que lo era además de un vasto imperio que se encontraba en su proceso de expansión más allá del Atlántico; por lo que Sevilla era una ciudad rica en recursos, lugar de referencia para muchos extranjeros, y la principal promotora del descubrimiento y conquista de las Américas. Por añadidura, Jacobo Cromberger, fundador de la dinastía y principal responsable de la imprenta en Sevilla sabía de la importancia de una ciudad que tuviera un fácil acceso a las principales vías de comunicación y transportes; un factor muy importante para la distribución de los libros y del papel de una buena calidad cuyo destino era Italia y Francia, principalmente. Y es que Sevilla no solo se encargó de satisfacer las demandas públicas de sus ciudadanos, sino también de otras capitales europeas, motivo por el cual siempre tuvo protagonismo las ferias de los libros que se celebraban por toda Europa.
 
 
Juan decidió crear una filial en Nueva España con la ayuda de uno de sus trabajadores, el copista Juan Pablos; quien, aparte de todo; tenía interés en afincarse en las Américas y llegó a estas tierras entre septiembre y octubre de 1539. El proyecto de la consolidación de la empresa Cromberger en México tuvo un costo de 195.000 maravedíes (520 ducados). En esta ocasión la Casa Cromberger, no solo se dedicó a la divulgación del cristianismo occidental, sino que publicó obras de todo tipo e interés.
 
Pero Juan Cromberger falleció en 1540, apenas un año después de su obra en México y Juan Pablos se vería con un negocio que no estaba reportando todos los beneficios que se esperaba de ella, de hecho, existe do-cumentación en la que Pablos solicitaba la ayuda del virrey Mendoza. No obstante pese a los esfuerzos de ambos los resultados no mejoraron y el heredero de Juan Cromberger, Jacome no mostró interés en mantener la empresa de su abuelo y de su padre en el Nuevo Mundo, siguiendo la tradición de que para que un negocio caiga se necesitan tres generaciones.
 
 
¿Pudo Jacobo Cromberger escoger otra ciudad del sur peninsular o decantarse por Portugal? La respuesta es sí, pero los centros impresores o no estaban en activo o no respondían adecuadamente a la demanda de impresión. El dato lo aporta el hecho de que entre 1501 y 1520 en Sevilla se realizaron unos 300 volúmenes mientras que en Portugal apenas se llegó a las 40 impresiones.
 
Como era normal en la época que nos ocupa, Cromberger se dedicó a la impresión de misales y obras litúrgicas por contrato, lo cual era una tarea lenta y costosa si tenemos en cuenta el especial tratamiento que este tipo de obras requería. La Iglesia pagaba por ellos grandes sumas y siempre daban un adelanto para asegurarse de que la imprenta se dedicaría a realizar el trabajo, pero además, Cromberger, con su sólida economía y su mentalidad empresarial se dedicó a crear una extensa red de distribuidores, desde el vendedor callejero hasta los grandes libreros del momento; abarcando desde su comercio en todo el país y con Portugal hasta Alemania.
 
 
Pero su aventura como librero e impresor no quedó aquí. Sus inversiones en bienes raíces, el monopolio que creó con la edición de las obras litúrgicas y las excelentes relaciones, que, por esto llegó a tener con el Cabildo Sevillano hizo posible que sus ediciones llegasen al Nuevo Mundo, siendo el primer contacto conocido entre un impresor y las Américas; cuando una orden franciscana fue mandada a evangelizar a los indios del Caribe. Sin embargo, esta actividad quedó relegada por la caída de Tenochtitlán y por la boda entre Catalina, su hija y Lázaro Nuremberger, quien controlaba el comercio con el Nuevo Mundo.
 
A su muerte, su hijo Juan se encargó de mantener el legado de su padre, si bien la empresa americana no le suscitaba el mismo interés que a su padre. De hecho, hasta que no se le ofrece participar en la plata de las Indias no se interesa por ello. Así, entre 1539 y 1540 comenzó a imprimir libros en México.
 
 
Siguiendo la tradición, para que un negocio caiga se necesitan tres generaciones, Jacome Cromberger, el tercero en la dinastía; no le dedicó toda la atención y el cuidado a la empresa que creara su abuelo. Así conocemos que comenzó a ejercer como tipógrafo en 1545 y abandonó este oficio solo cinco años más tarde; pese a haberse casado con la hija de otro próspero impresor, Juan Varela de Salamanca. Las deudas lo persiguieron hasta el final de sus días, curiosamente, en las Indias.
 
Sin embargo achacar la decadencia de este prolífico negocio a Jacome exclusivamente sería un error, pues su época fue la de una recia economía y un cambio radical en la mentalidad social, en tanto, que algunas de las ediciones cromberguistas aparecieron en los Índices de Libros Prohibidos del tribunal de la Santa Inquisición, por orden del Inquisidor General Fernando de Valdés. Paradójicamente este inquisidor terminaría siendo juzgado por el mismo tribunal que dirigió tan radicalmente.
 
Esta es la historia del auge y la decadencia de una familia de impresores, que vio la luz en Nuremberg; y que la ciudad de Sevilla no puede olvidar.

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