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Beyond The Wall: Sur

La decisión de qué incluíamos en la zona Sur del patrimonio extramuros nos ha sido la más complicada de tomar de todas. Empezamos a decir que el muro Sur termina en la desaparecida Puerta de Jerez, casi en el mismo lugar donde terminaba la muralla romana (y que aparece en la cabecera de este artículo). Era, en época antigua la desembocadura del Tagarete, y posteriormente se quedó como el fin de la muralla. Allí empieza un sinfín de jardines que serían los del Palacio de San Telmo, o de Montpensier, o la Universidad de Mareantes, que es el mismo edificio, junto a él la antigua Fábrica de Tabacos, que también daría par aun post. Dudamos si hablar del patrimonio industrial del barrio del Porvenir, del jardín botánico o de la casa rosa. Incluso dudamos si hablar del famoso 12 – 1 el España Malta en el Benito Villamarín o ir más lejos y hablar de las torres defensivas de frontera como la Torre de los Herberos de Dos Hermanas. 

Cartel de la Exposición
 
Finalmente decidimos ocuparnos de uno de los hitos históricos de la ciudad, la Exposición Iberoamericana de 1929. Sobre ella se ha escrito mucho, pero a nosotros nos gusta especialmente. Nos gusta por esa pequeña Historia de la infamia que hizo que la Exposición pensada para que toda la jet set mundial se viniera abajo por el crack de la bolsa de 1929. Nos gusta porque es el primer intento desde las independencias de las colonias latinoamericanas de un acercamiento diplomático y económico. Nos gusta porque revalorizó toda una zona de la ciudad, dejándonos un patrimonio incalculable. Y nos gusta porque, cuando buscamos #sevilla en Instagram la mitad de las fotos son de la Plaza de España. 
 
“¡¡Pero no te líes más y cuéntanos ya!!”. Voy, voy. La Exposición Iberoamericana de 1929 supuso la renovación de la ciudad en muchos de sus aspectos. Lo primero que hay que decir es que la idea de realizarla es de Luis Rodriguez Caso, que expuso la necesidad de un evento de estas característas ya en 1909. Se perfiló, se le dio fecha de 1911, pero era demasiado precipitado, se cambió a 1914 y estalló la I Guerra Mundial, y finalmente se realizó en 1929, con el resultado que comentamos antes. 
 
La primera obra de infraestructura importante que se realizó con motivo de la Expo fue lo que se llama la “Corta de Tablada”, una obra de ingeniería sobre el Guadalquivir, realizada en 1909 y que consistía en abrir un cauce artificial que eliminara los meandros de Los Gordales y de Punta del Verde. Hizo que el recorrido del río desde Sanlucar hasta el puerto de Sevilla recortara en 4 Kilómetros, además de hacer mucho más sencilla la llegada al evitar la maniobra entre los meandros. Esta obra se realizó casi de inmediato, además, era una necesidad imperiosa de la ciudad, aunque no estuvo realmente completa hasta que en 1951 concluyó la obra de la exclusa. Además de esto, se construyó el puente de San Bernardo, se colocaron las fuentes de la Puerta de Jerez y de la Plaza Virgen de los Reyes, se realizó el ensanche y alineamiento de fachadas en Mateos Gago y el barrio de Santa Cruz y se llevó a cabo el ensanche de la actual Avenida de la Constitución.
 
La exposición se llevó a cabo en el entorno del Parque de María Luisa, que consideraremos como primer elemento patrimonial de la zona Sur para nuestro relato. Nos tenemos que remontar a 1848, cuando Luis Felipe de Orleans tuvo que huir de Francia por la instauración de la República. Su hijo, Antonio de Orleans, y su esposa, Luisa Fernanda de Borbón (Los Duques de Montpensier) se establecieron en Sevilla y compraron el Palacio de San Telmo y dos fincas cercanas. EL conjunto de los tres edificios, protegidos por el Río, el Prado de San Sebastián y los jardines del Cristina propiciaron que los duques pudieran disfrutar de un jardín privado de unas dimensiones extraordinarias. 
 
Estos jardines fueron donados a la ciudad en 1893, y se convirtieron en el Parque de Maria Luisa en 1914. Y como ya hemos comentado es elegido como escenario de la Exposición iberoamericana. De esta exposición nos quedan varios edificios, de los que iremos hablando, cambiando un poco el tono de los posts anteriores. No vamos a hablar de todos los que nos quedan, si no de los que nos parecen más importantes y los que más nos gustan. 
 
 
La Plaza de España durante la inauguración de la Expo
Plaza de España. 
 
Es el edificio más importante y costoso de la Exposición. Encargado a Aníbal González, a la sazón director del proyecto de la exposición, éste proyecto un edificio semicircular de dimensiones imponentes. Con una plaza de 170 metros de diámetro, el edificio simula un abrazo, dirigido hacia los pabellones de los distintos países y al río como catalizador de la relación entre ellos y Sevilla. Se realizó en estilo Neomudejar, y se proyectó con la idea de que se convirtiera en campus universitario una vez finalizdo el evento. Lo más llamativo de la Plaza, además de la belleza del Neomudejar son los azulejos que se encuentran entre el edificio y la ría, que simbolizan cada una de las provincias del País, y que tienen unas hornacinas para libros (pensando en ese futuro campus). La ría, que cabreó mucho a Forestier, el botánico que reesttructuró el parque, recorre la silueta del edificio y cuenta con cuatro puentes en representación de los cuatro reinos tradicionales de la Corona Hispánica. En el centro de la plaza, que en principio iba a ser diáfana, se colocó una fuente diseñada por Vicente Traver, que es el encargado de terminar la obra tras la dimisión de Aníbal González. Por último, tenemos las dos torres, en las que Aníbal pensó mucho más altas de lo que terminaron siendo, siendo responsables de un debate muy amplio sobre la idoneidad de hacer construcciones que rivalizaran en altura con la Giralda. 
 
Pabellón de las Bellas Artes. 
 
Fue el edificio más caro de la exposición después de la Plaza de España. También es obra de Aníbal González, como sus vecinos Pabellón Mudejar y Pabellón Real. Esta vez lo hizo en lo que se vino a llamar Neorenancestismo. Un edificio que hoy en día no luce la espectacularidad que podía haber tenido, pero que en su momento llamaba muchísimo la atención. En el año 1941 pasó a ser el espacio de depósito y exposición de los fondos arqueológicos municipales y se creó el Museo Arqueológico de Sevilla. Un imponente edificio con una gran colección, pero algo abandonado por parte de las instituciones. Creo que los sevillanos deberíamos hacer más uso de él, como principio básico, y reclamar su reacondicionamiento después. 
 
Pabellón Mudejar. 
 
El pabellón mudejar es el que hoy en día llama más la atención. Su aspecto Neomudejar se complementa perfectamente con otras dependencias del lugar como el Pabellón Real y la Plaza de España. Acoge desde el año 1980 el Museo de Artes y costumbres populares, y en la exposición sirvió de Museo de arte antiguo. Al visitante que le guste la antropología y las curiosidades no puede dejar de pasar por allí. 
 
Pabellón Real. 
 
El Pabellón Real es el más pequeño de los tres. Imitando el gótico flamígero, es decir, el gótico de última etapa, donde aparecen los elementos que compondrán el barroco integrados en la arquitectura, es el ejemplo más claro de historicismo, puesto que en los otros dos casos se mezclan formas nuevas y antiguas, esta reproduce totalmente las corrientes ya dejadas atrás.
 
Estos tres pabellones se encontraban, y se encuentran, en la Plaza América, o la Plaza de las Palomas, como la conocen los sevillanos. Es uno de los sitios de referencia para el público doméstico. Son casos aislados los de las personas que no tienen una foto, normalmente de pequeños, en esa plaza dando de comer a la ingente cantidad de palomas que la pueblan. Dentro de los proyectos abiertos en la ciudad, está el de instalar la colección de arte de Mariano Bellver, que trata de una serie de importantes pinturas costumbristas, en el Pabellón Real. Con la instalación aquí del Museo Bellver, el consistorio pretende hacer una especie de plaza de los museos, al modo de Berlín. 
 
Pero en la Expo no todo eran pabellones. Si alguien recuerda la Exposición Universal de 1992 en la ciudad, puede contarnos que además de los pabellones, había una serie de entretenimientos, actividades culturales y lúdicas, conciertos de todo tipo, etc. Pues bien, la Expo de 1929 era igual. Estaban los pabellones de diversos países: Mexico, Brasil, Usa, Guatemala, Colombia, Argentina, Uruguay, Chile, Cuba, Portugal, Santo Domingo y Perú. También había algunos curiosos como el de Macao o el de las Islas Canarias (aún vistos como territorios coloniales), y el del Protectorado de Marruecos, pero estos eran menores. 
 
Pabellón de Santo Domingo en la actualidad, y el Alcazar de Colón. 
 
En los pabellones de cada país se exponían piezas de arte, antiguo y moderno, según las posibilidades de cada lugar, los avances técnicos, los productos con vista a la exportación, etc. Como en la del 92. Como no podemos pararnos en cada uno de los pabellones, sí me gustaría hablarles del Pabellón de Santo Domingo, uno de los más desconocidos. Hoy en día es la sede de Carreteras del Estado. La curiosidad de este pabellón es que es una réplica (aunque a menor tamaño) del Alcázar de Colón, la residencia que el Almirante de la Mar Océana mandó construir en la Española en 1510 y que se mantuvo como residencia de los gobernadores de la Isla durante siglos. 
 
La mayoría de los pabellones continúan en uso a través de instituciones, así los pabellones de Brasil, México y Uruguay son parte de la Universidad de Sevilla, Chile es la escuela de arte, Argentina la de Danza, Perú CSIC, Portugal su consulado, USA es la Fundación Valentín de Madariaga, etc. 
 
La locomotora Krauss, conocida como el Tren Lilliput.
 
La parte que menos se comenta de la Exposición Iberoamericana de 1929 es sin la zona lúdica. En el recinto se colocaron una serie de atracciones mecánicas, eléctricas, que hicieron las delicias de los asistentes, incluso la reina llegó a montarse en la montaña rusa. Unas atracciones que debemos pensar más como las de la “calle del infierno” de la Feria que como Port Aventura, pero que entonces estaban comenzando a utilizar la energía eléctrica para su funcionamiento y llamaban mucho la atención. Además, la joya de la corona fue el tren Lilliput, un ferrocarril a escala que paseaba a la gente por el recinto. ¿Es que nunca os habíais preguntado porque hay un túnel en el Monte Gurugú? Exacto, era un túnel para el tren Lilliput, que por cierto, fue un regalo del monarca Alfonso XIII a la exposición. Además de las atracciones, el actual Teatro Lope de Vega (Pabellón de Sevilla) y el Casino de la Exposición eran dos de los elementos de ocio más importantes del evento. No debemos nunca olvidar, como dijimos al principio, que este no era un evento de masas, si no que intentaba atraer siempre a un turismo de lujo, de jet ste, de enormes fortunas. Y para ello, qué mejor en la época que un casino y un teatro. 
 
Espero que el lector haya disfrutado de esta tercera parte de "Más allá del muro", si es así, no dude en compartir el texto.
 
Bonus: Os dejamos el post que publicó ayer Sevilla4Real sobre los Hospitales extramuros de la ciudad. 
 
Entonces, ¿organizamos algo para conocer el patrimonio del Sur de la Ciudad? 

 
 

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