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Beyond The Wall: Norte

¿Qué hay más allá del muro? La expresión está tomada de la saga Juego de Tronos, donde nos encontramos que detrás del muro hay una serie de criaturas destinadas al mal. Esto es algo normal en el imaginario general, el muro define la zona de confort, de seguridad, y más allá nos encontramos con el mal hecho criatura, con lo desconocido y peligroso. Por suerte o por desgracia, el muro [en nuestro caso “la muralla”] ya no define los límites de la ciudad, ahora es un elemento monumental más, pero, ¿qué había detrás del muro? Sevilla tiene un patrimonio realmente envidiable, así que vamos a dividir este “Más Allá” en cuatro, siguiendo los puntos cardinales. Y empezamos por el Norte, el mismo lugar  donde se encuentra el muro de Juego de Tronos. 
 
Al Norte del muro nos encontramos con la zona de la Macarena, un arrabal bien conocido en su época musulmana, cercano al centro, cuyo elemento más llamativo, hoy, es el Hospital de las Cinco Llagas, actual parlamento de Andalucía. Sin embargo vamos a saltarnos este lugar, que daría para un sólo artículo, y nos vamos a ir un poco más lejos. Al norte del muro nos encontramos con dos zonas que para nosotros son muy importantes, la primera, la zona de San Jerónimo, y la segunda la de Miraflores. 
 
Si paseamos por el río dirección San Jerónimo, más allá de los conteporáneos puentes de la Barqueta y del Alamillo, lo primero que encontramos es una antigua zona industrial, de esas que están a la espera de que se les de un uso importante: los talleres de ferrocarriles de Renfe. El cambio en la estructura ferroviaria que se impuso en la ciudad con motivo de la Exposición Universal de 1992 (el levantamiento de las vías se realicó en 1987) hizo que estos talleres dejaran de funcionar y pasaran a ser una eterna promesa política de revitalización del barrio, como se hizo con la estación de Córdoba, que se convirtió en Centro Comercial o la de Cádiz, que se convirtió en mercado, aunque el aprovechamiento patrimonial en este último caso es de menor calado. 
 
Monasterio de San Jerónimo de la Buenavista. Fuente | Wikicommons
Monasterio de San Jerónimo de la Buenavista. Wikicommons
 
Sin embargo, la joya de la corona al Norte no es este antiguo espacio de talleres. Hay que remontarse al Siglo XIV, cuando nace en Sevilla un señor que será importante, se llamaba Diego y fue, por ejemplo, contador de Juan II y formó parte de los veinticuatro de Sevilla (lo que hoy serían concejales). Se hizo religioso y se le conocía como Fray Diego de Sevilla, y volvió a nuestra ciudad con el cambio de siglo. A su vuelta, que se produjo en 1413, empezó el hombre a sentir la necesidad de hacer una fundación, y en 1414 funda el monasterio de “San Jerónimo de la Buenavista” que pasó a manos de la orden homónima en 1426. El lugar fue tomando importancia, y cuando se está produciendo la conquista de América fue encargado de imprimir bulas para la cruzada que suponía ir a la Indias a evangelizar a los indígenas (y de paso conseguir unos terrenitos donde cultivar con mano de obra barata).
 
Al monasterio, sin embargo, le pesó mucho la llegada de los franceses a la ciudad en 1808, y es que el ejército napoleónico utilizó el lugar como cuartel, siendo expoliado y maltratado patrimonialmente. Los miembros de la orden religiosa volvieron en 1823, pero en 1834 es desamortizado. Algo después, un inglés llamado Enrique Hodson compró el espacio y estableció en 1842 una fábrica de vidrio con poca duración en el tiempo. Albergó una iglesia protestante y el llamado “Cementerio de los Ingleses” (una de esas joyas escondidísimas de la ciudad) y después se convirtó en una de las fincas de recreo para las clases altas de la ciudad. 
 
Del monasterio, que en 1964 pasó a ser monumento histórico-artístico y 20 años después a ser propiedad del ayuntamiento, sabemos que albergó una gran colección de obras de arte, entre las que aparecían algunas piezas de Murillo y de nuestro admiradisimo Valdés Leal. Por desgracia estas obras están perdidas, sin embargo, se conserva en el Museo de Bellas Artes de Sevilla una espectacular escultura del patrón de la orden realizada por Torrigiano cuya vista merece una mañana dedicada en el museo. 
 
Claustro del Monasterio de San Jerónimo. Wikicommons
 
Junto al Monasterio, y muy relacionado con el nudo ferroviario de la zona, nace a principios del SXX el barrio, que hereda el nombre del monasterio. El barrio de San Jerónimo será protagonista de la represión que tras el golpe de estado de 1936 se lleva a cabo en la ciudad. Este episodio negro para este barrio humilde se da, entre otras razones porque el límite del barrio será el Cementerio de San Fernando, nuestra segunda parada extramuros.
 
En el SXVIII las iglesias y los cementerios provisionales ya estaban saturados de enterramientos. Así que el consistorio municipal se plantea varias posibilidades. La más llamativa, la del Prado de San Sebastián, otras como el de Triana. Finalmente cuajo la idea del cementerio de San Fernando, junto al Hospital de San Lázaro. Así en 1852 se construye y el 1 de Enero de 1853 acoge a su primer inquilino. El cementerio está lleno de fguras del folklore tradicional, cantaores y cantaores, bailaores y bailaoras, toreros. Destacaremos la tuba de Joselito el Gallo o la de Antonio Susillo, y recordar gente enterrada de la talla de Diego Martinez Barrios, Antonio Machín o el “Niño Ricardo”.
 
Si continuamos por la actual circunvalación SE-30 hacia el Este, nos encontraremos con una gran superficie de terreno que corresponde al llamado Parque Miraflores. Como todos los parques urbanos de Sevilla, antes de parque fue cortijo, el Cortijo de Miraflores, como en Torreblanca, el Alamillo, Sevilla Este, etc. Sin embargo, el Parque de Miraflores encierra unsecreto que seguro que sus miles de usuarios no conocen. El Yacimiento Arqueológico del Cortijo de Miraflores. 
 
Molino de Aceite del Cortijo de Miraflores. ABC
 
Debemos dividir el Cortijo de Miraflores en dos zonas, una el Cortijo, y la otra conocida como la huerta de la albarrana. El Yacimiento nos muestra elementos arqueológicos que comienzan con tallas  en piedra de origen paleolítico en la parte de “la gravera”. Sin embargo, estos restos son menores. Y es que encontramos en la zona una serie de restos cerámicos y una construcción con materiales romanos tipo almacén. Probablemente esto perteneciera al complejo arquitectónico de una villa rural romana. Después de Roma nos encontramos con una serie de restos medievales, fruto de la presencia musulmana en la zona. Esto son alquerías, galerías, albercas, y una torre. Los primeros nos dan a entender la importancia agrícola de la zona por la labor de los elementos de recogida y reparto de agua. Después está la torre, que, incorporada al posterior cortijo, era de ladrillo, ocupaba 25 metros cuadrados, y se componía de tres pisos y una azotea. Del mismo  tipo constructivo que la famosa Giralda, esta torre sería el alminar de una mezquita de época almohade (SXII-XVIII).
 
El Cortijo ya sería de la Edad Moderna, y encontramos nuevas galerías de agua, nuevos pozos de recogida y norias , y un puente, probablemente del SXVIII que pasaba por encima del arroyo Tagarete. La movilidad de este Arroyo es la que hará cambiar la zona de presencia humana de la Huerta de la Albarrana al Cortijo. Encontramos un típico cortijo rural, con un patio central y la disposición de muchos elementos arquitectónicos, almacenes, habitaciones, etc. El espacio pasó a manos del Hospital de las Cinco Llagas, aunque no sabemos cuando, principalmente para garantizar el suministro de agua. Ya e el SXVIII el Hospital se comienza a abastecer del Acueducto (Los Caños de Carmona) y eden la propiedad, aunque siempre con la condición de que los futuros dueños mantuvieran en perfecto estado la obra hidráulica para poder seguir abasteciéndose si fuera necesario. 
 
Entonces, ¿Qué es Miraflores? Miraflores es una poblaión rural de pequeño tamaño que tenía por objetivo abastecer a la ciudad. Hoy en día es un parque urbano on una cantidad altísima de usuarios.
 
Por último, no queremos irnos de la zona de Miraflores sin tomar la avenida homónima, dirección al centro y hacer aquí un reclamo al ayuntamiento, actual y futuros, por uno de los enclaves abandonados que más nos duelen de la ciudad. Se trata de la antigua Fábrica de Vidrio de la Trinidad en Miraflores. Afincada en una zona industrial – hoy en día esas industrias se han covertido en viviendas, respetando la estética en muchos de los casos – y un barrio obrero – El Retiro Obrero, esta enorme fábrica ha quedado abandonada a su suerte por parte de los distintos consistorios. El edificio, que albergó una industria artesanal de vidrio entre 1900 y 1999, podría ser uno de los espacios culturales mejor situados de la ciudad. Pero claro, eso es ya harina de otro costal. 
 
 
Esperamos que os haya gustado este pequeño repaso a parte del patrimonio extramuros. Vovleremos con las demás zonas en los próximos días. 
 

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