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Beyond The Wall: Este

Como decíamos ayer, estamos dividiendo el patrimonio extramuros según los puntos cardinales. Hoy le toca al Este. Así que nos colocaremos en la zona del muro, exactamente en la antigua Puerta de Carmona, la que culminaba lo que hoy es la calle Luis Montoto, y que antaño era el camino que llegaba hasta Alcalá. 

Lo primero que nos encontramos es un edificio semiderruido, una promoción de pisos que nunca se construyó y que sólo mantiene la antigua fachada. En el interior de esa fachada nos encontramos unos restos arqueológicos, construcciones que pertenecieron al barrio de Benialofar. Benialofar ocuparía desde La Florida hasta el barrio de San Bernardo. Al ser ésta última una barriada histórica y siempre muy poblada lo que conocemos viene dado por las intervenciones arqueológicas de urgencia que se han ido produciendo y que nos van regalando datos acerca de la población allí establecida. 
 
¿Y qué nos han aportado? Veamos, lo primero decir que toda la barriada de Benialofar se construye alrededor del Río Tagarete, que conocerán los lectores porque en el post de la zona Norte hablamos de él cuando nos referíamos a Miraflores. Bien, este río, que desemboca en el Guadalquivir, y que hoy está soterrado, era el elemento vital de esta barriada. Lo más destacable de todo lo encontrado es una infraestructura por identificar que se encontró bajo el Cuartel de Intendencia, cuyo elemento más importante era un patio de casi 20 metros cuadrados. Debió este arrabal ser un barrio de importancia durante la presencia Almohade en la ciudad. También se ha encontrado una necrópolis que nos revela que allí existía un número considerable de población judía. Por desgracia este arrabal vamos a tardar mucho en conocerlo por el uso actual de su extensión, barrios populosos, y sin embargo, agradecemos saber que las grandes zonas de poblamiento lo son y lo fueron durante muchos siglos (y que lo sigan siendo).  
 
Los caños de Carmona, ayer y hoy. 
 
Si continuamos un poco más adelante nos encontramos con los conocidos como “los caños de Carmona”. Ayer también hablamos de ellos cuando nos referimos al cambio de abastecimiento de agua del Hospital de las Cinco Llagas. Y es que lo que conocemos como los caños de Carmona son el acueducto que abasteció a la ciudad de agua potable desde época romana hasta el SXIX. Para hablar de los caños de Carmona tenemos que remontarnos al año 1171-72, cuando al Hayyi – Yais, un ingeniero al servicio del Imperio Almohade descubre frente a la Puerta de Carmona lo que él pensaba una acequia. Empezó a excavar para poder recuperar el uso e ella, y descubrió un acueducto antiguo, de época romana. Comenzaron a seguir su pista, y tras 17 Kilómetros, estando ya muy cerca del Castillo de Yabir (el Castillo de Alcalá de Guadaira) descubrieron su fuente de agua en Santa Lucía. 
 
Así el imperio Almohade, en su afán de mejorar la infraestructura de la joya de su imperio, comenzaron a recuperar el uso de éste. Se aplanó el terreno, se construyó de nuevo, se calcularon los niveles, y se abrió al uso, un uso que duró casi 800 años. La obra hidráulica más importante de la zona. El camino que recorría el acueducto se convirtió en un auténtico vergel de huertas y jardines de recreo. El agua, que llegaba de Alcalá, hacía una parada para su redistribución en la Buhaira.
 
 
La alberca de la Al-Munya de la Buhaira y la recontrucción del Palacio
 
Y es precisamente la construcción de La Buhaira la que hizo que se descubriera la acequia que resultó ser acueducto. La Buharia es una Al-Munya, una almunia, es decir, una mezcla entre palacio de recreo y explotación agrícola. Estas Al-munyas eran bastante comunes por lo que nos dejan ver las crónicas, sobre todo en la zona del Aljarafe, aunque arqueológicamente sólo conocemos esta. La que en los años 40 del SXX se conoció como Huerta del Rey se comenzó a construir el 10 de Octubre de 1171, tras la incorporación definitiva al Imperio Almohade. Se trata de una finca que en sus mejores momentos ocupó hasta 65 hectáreas y que en el SXVI ya sólo contaba con 24 de ellas. 
 
Es un palacio de recreo, aunque en realidad no conocemos bien qué uso se le daba. Lo más llamativo es la alberca, con unas medidas impresionantes, 43 metros en cada uno de sus lados y una profundidad de 1'70, lo que le daban una capacidad de más de 3000 metros cúbicos de agua. Hasta ella llegaba un ramal de los caños de Carmona, que era el que después abastecía a los palacios (situados en la zona del actual Alcázar). Los estudios arqueológicos realizados sobre el espacio intentaron obtener los datos necesarios para la reconstrucción contemporánea del espacio agrícola, así, sabemos que el terreno eran unas lagunas que se desecaron con suelo rojo traído del Aljarafe, con una cantidad ingente de olivares y frutales traídos desde esta misma zona.
 
Plaza de toros la Monumental. Ayer y Hoy
 
El entorno del palacio de La Buhaira, hoy zona privilegiada, acogió a primeros de siglo dos de los proyectos más inverosímiles, por el proyecto en sí, o por su tiempo efímero. Uno es el de la Plaza de Toros La Monumental, y el otro el proyecto para la Basílica de los jesuitas que realizó Aníbal Gonzalez. 
 
La Monumental es una plaza de toros que se construyó bajo el mecenazgo de “José Gomez, a.k.a. Joselito El Gallo”. Este torero, uno de los más populares de la época y cuyo mausoleo en el Cementerio de San Fernando es una auténtica obra de arte, era de carácter popular, y quiso crear una plaza de más capacidad que la que tenía la perteneciente a la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Con mucha polémica, creó su plaza, con un aforo de 23000 espectadores, pero cuya presencia en la ciudad fue efímera. Construida por el famoso arquitecto José Espiau, la Monumental fue inaugurada el 6 de Junio de 1918, cerrada en 1921, y demolida en 1930. Generadora de polémica desde el principio, la plaza contó en primer lugar con el malfario de haber sido testigo de la muerte de dos participantes en un mítin republicano en 1919, y en segundo lugar con las presiones que los maestrantes ejercían en las instituciones contra su competencia. Este segundo elemento es de lo que acusaron los seguidores de Joselito a las instituciones cuando se realizaron las pruebas de seguridad que acabaron con la plaza cerrada durante 9 años para acabar con su demolición. Por aquel entonces joselito el Gallo ya había fallecido y no hubo nadie de su talla para defender la construcción. Hoy en día sólo nos queda, en la Avenida Eduardo Dato, un recuerdo de la plaza: una de sus puertas. 
 
La otra obra, esta descabellada, y mucho más efímera que la de la Monumental, puesto que no se llegó a construir, es la de la Basílica de los jesuitas. Justo en los terrenos de la Huerta del Rey, y antes de que Torres Balbás encontrara e identificara los restos del Palacio de la Buhaira, Aníbal Gonzalez, arquitecto famoso, junto al antes mencionado Jose Espiau por sus obras de carácter neomudejar como la Plaza de España (de la que hablaremos mañana), proyectó lo que el llamó una basílica. Era un templo encargado por los jesuitas, que complementaría un complejo de instalaciones formadas por un colegio y una residencia. El templo iría dedicado a la imagen de na Inmaculada a la que se rendía culto en una capilla pequña en la calle Quevedo y que hoy se encuentra en la Parroquia de San Lorenzo.
 
Era la Basílica de la Inmaculada Milagrosa. El arquitecto, que ya había dimitido y se había desvinculado delproyecto de la Exposición Iberoamericana de 1929 hizo un alarde, no sabemos si por despecho o por egolatría. El proyecto constaba de una plaza de 150 metros de diámetro tras la cual se encontraría un templo de estilo neogótico de 45 metros de altura, 125 de largo y 75 de ancho, coronado por dos torres de 100 metros de altura. Es decir, más grande en planta que la Catedral de Sevilla, y con, a falta de una, dos torres 4 metros más altas que la Giralda. 
 
 
Pilares de la Basílica de la Inmaculada Milagrosa. Vista de Google Maps
 
La primera piedra del proyecto se colocó con mucho boato y la presencia del Cardenal Eustaquio Illundain y Esteban, Arzobispo de Sevilla, y el monarca Alfonso XIII. Se comenzó la excavación para la cimentación y se colocaron las primeras vigas. Llegó el crack del 29 con la consabida la crisis económica mundial y los jesuitas dijeron que "ya si eso" irían hablando, pero que de momento lo dejaban. Así que azares del destino, en Sevilla no existe un segundo templo de dimensiones descomunales, y a cambio se pudo recuperar, 20 años después, los restos de la almunia de La Buhaira. De la Basílica han quedado unos restos cuanto menos curiosos, porque el paseante de la zona apenas los percibe, pero si vemos una imagen aerea, descubriremos el plano en planta del que iba a ser uno de los templos más grandes del mundo. Recordar aquí que la Catedral de Santa María de la Sede es el templo gótico más grande del mundo y la tercera catedral en tamaño. Así que imaginaos lo que pudo ser. Cuando los lectores pasen por La Buhaira, fíjense bien en el edificio que está al lado de los pilares, uno en cuya planta baja hay un supermercado, miren hacia arriba, ese edificio mide 50 metros de altura, y piensen, por un momento, que en ese espacio estaría una de las torres neogóticas, con el doble de altura que ese edificio. Lo que sí recuperaron los jesuitas fue el proyecto del colegio, que es conocido hoy en día por Porta Coeli (Portaceli).
 
Y desde ahí seguimos un poco más al Este, cruzamos u par de calles y nos plantamos en la calle Luis Montoto, esta vez hacia el final de la dicha calle. Frente al número 188, nos encontramos con el famoso templete de la cruz del campo. Sí, ese que tantas veces habéis visto en las etiquetas de la cerveza junto a Gambrinus. Este templete se construyó, allá por 1380, y creo que nunca se pensó lo que iba a significar. Don Fadrique Enríquez de Ribera, VI Adelantado Mayor de Andalucía, establece un Via Crucis que transcurrirá entre la Capilla de las Flagelaciones, sita en la Casa de Pilatos, que a la sazón no era la residencia de Pilatos, sino del Adelantado Mayor (y Marqués de Tarifa) y la Huerta de los Angeles (muy cerca del Templete). Esto ocurrió en 1521, y parece que a la gente le gustó eso de hacer el Via Crucis en Cuaresma, porque se continuó realizando hasta 1873. El recorrido marcaba la distancia que había entre la Casa de Pilatos y el Monte Calvario, y por eso al palacio del Marqués de Tarifa (hoy en manos de otra familia, los Duques de Medinaceli) se le conoce como la Casa de Pilatos. En el SXVII, exactamente en el año 1630 se cambia el inicio del recorrido, ya no será en la capilla de las flagelaciones sino desde el exterior del palacio y se llegaría hasta el humilladero o templete de la Cruz del Campo. Este Viacrucis va cambiando diversos aspectos técnicos (incorporación de hermandades, cambios en las paradas, aparición de imágenes de la pasión, etc) durante sus 350 años de celebración, pero su principal importancia es que aquí está el germen de la actual Semana Santa de Sevilla. En Sevilla había dos humilladeros o templetes,  este de la Cruz del Campo, y otro que está muy cerca del Monasterio de San Jerónimo del que hablamos ayer, algo más escondido, que es el de San Onofre.
 
Esperemos que hayáis disfrutado de este post, si os ha gustado ya sabeis, compartidlo en vuestras redes sociales. Hoy, y con motivo de este juego de #beyondthewall en el que estamos inmersos, os voy a dejar las publicaciones que otros espacios dedicados a la historia de Sevilla realizaron. La web Cultura de Sevilla se dió un paseo por la Miraflores industrial, mientras que Construyendo Sevilla escribió sobre la Casa Cuna, dos posts que también deberíais leer con ahínco. 
 
Entonces, ¿Organizamos algo para conocer el Este de la Ciudad?
 
 

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